
Montaña, naturaleza y equipo: cuando todo comparte el mismo aliento, para quien vive el monte de verdad —no desde la postal— hay algo evidente:
No somos dueños del entorno, somos parte de él.
Exactamente lo mismo que defendía Noah de la tribu Sealth cuando decía que la tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra.
En la montaña todo está conectado:
No son recursos. Son relaciones.
Cuando eliges mal el material, cuando abusas del entorno o cuando tratas el monte como un parque temático, rompes esa red. Y como advertía Noah:
Todo lo que hagas a la tierra, te lo haces a ti.

El equipo de montaña no va de acumular. Va de cabeza.
Un mosquetón, una cuerda o una chaqueta no son neutros. Tienen impacto antes, durante y después de usarlos. Elegir bien es un acto ético, no una moda.
En montaña, ligero no es frágil y técnico no es excesivo cuando hay conocimiento detrás.

Noah hablaba del ruido de las ciudades que “duele a los oídos”. En la montaña pasa lo contrario: si no sabes escuchar, no entiendes nada.
El viento, la meteo, el terreno, tu propio cuerpo.
La montaña habla todo el tiempo. Otra cosa es que vayamos con prisa.
La ética no está reñida con la seguridad. Al contrario.
Ir bien equipado, conocer tus límites y respetar el entorno es una forma de no poner en riesgo ni tu vida ni la de otros. La montaña no perdona la soberbia, pero suele respetar a quien entra con humildad.
Quien va a la montaña solo a “hacer actividad” se pierde lo esencial.
Quien va a encontrarse, entiende esto muy rápido:
Como decía el Jefe Noah – Seattle:
“Todas las cosas están relacionadas entre sí.”
En la montaña, más que en ningún sitio, eso no es filosofía.
Es supervivencia.

Francisco Beltrán
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